Especialistas de la salud y estudios científicos revelan que se pierde materia blanca en el cerebro cada vez que se impacta la pelota.

El fútbol ha transcendido a través de la historia como un deporte en el que se busca convertir la mayor cantidad de goles en el arco contrario y evitar que el rival marque en mi portería. En busca de este objetivo, los pies representan el segmento corporal fundamental en el desarrollo del juego. Sin embargo, otras partes del cuerpo como las manos y la cabeza, también son influyentes en un adecuado o indebido performance.

Partido a partido los jugadores dan lo mejor de sí en busca de un resultado positivo. Los 22 guerreros arriesgan su integridad física para tratar de llenar de alegría a los hinchas y poder seguir formando parte la nómina titular. Pero, ¿que tan perjudicial podría ser el fútbol para la especie humana, considerando lo expuesto que está el cerebro cada vez que golpea el balón con la cabeza?.. Ha sido precisamente esa la gran pregunta que ha desatado una polémica mundial.

El debate tiene su origen en Estados Unidos, país que desde hace algunos días lidera una iniciativa que busca reestructurar las reglas del fútbol para crear uno en el que no sea necesario darle cabezazos al balón. Los especialistas coinciden en que es un campo de estudio aunque sus posiciones oscilan entre la alarma y la prudencia, teniendo en cuenta que recientes estudios científicos revelan que se pierde materia blanca en el cerebro cada vez que se impacta la pelota.

Efectos de los Cabezazos en el Fútbol

En la materia blanca del cerebro, responsable de la trasmisión de mensajes entre neuronas, la difusión de moléculas de agua refleja la coherencia, la organización y la densidad de las fibras, lo que hace que esta técnica de imagen sea altamente sensible a los cambios en su arquitectura. Los resultados de estos estudios, publicados en la revista ‘Journal of the American Medical Association’, revelaron diferencias en la materia blanca en varias partes del cerebro responsables de la atención, del procesamiento visual y de la memoria.

Aunque las pruebas son contundentes y los resultados verificados, las opiniones están dividas entre quienes más saben del tema. Por ejemplo, Álvaro García-Romero Pérez, director del Máster universitario de Fisioterapia deportiva y readaptación en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, se alinea con la pretensión norteamericana y es taxativo: «No hay musculatura en el cerebro del niño para controlar la velocidad con la que le llega el balón». Su análisis se basa en el número de veces que se golpea el balón y los posteriores test neurocognitivos entre deportistas que impactan con la cabeza y los que no.

Efectos de los Cabezazos en el Fútbol

Contrario a él, Andoni Goikoetxea, legendario central internacional de Athletic Bilbao y Atlético de Madrid, apóstol del juego aéreo, no se imagina este deporte sin darle cabezazos al balón y por eso defiende el fútbol «como juego de contacto. Cabeceé millones de veces. Se juega por arriba y por abajo. Los niños no lo utilizan mucho. Es posible que el exceso sea malo, pero preferiría conocer más estudios sobre la causa y el efecto».

El especialista del Valencia defiende que con pérdida de conocimiento no se debe dejar volver y en niños menos. En la final del pasado Mundial el alemán Christoph Kramer perdió el conocimiento en el minuto 15 y no fue sustituido hasta el 31. Una práctica que alarmó a García-Romero porque «un segundo impacto le podría haber causado un daño grave». Kramer reconoció que no recordaba haber jugado esa final. Por eso García-Romero es firme: «Hay que concienciar de que para los niños no es bueno cabecear el balón». El debate está servido sobre la mesa para que tu también opines al respecto.

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