El fútbol africano está de luto por el fallecimiento de Albert Ebossé, goleador de la Liga de Argelia, que perdió la vida por culpa de una pedrada.

La violencia sigue siendo uno de los lunares que jamas ha podido extirpar el fútbol de su majestuosa existencia. Cuando no es por parte de los aficionados, son los mismos jugadores quienes se empeñan en llevar a los extremos las diferencias dentro del terreno de juego.

Muchos han sido los episodios oscuros que ha vivido este deporte por culpa de la violencia, pero siempre han sido los árbitros y los futbolistas los más perjudicados por la ignorancia de aquellas personas que se hacen llamar «hincha» y que se escudan detrás de esta pasión para compensar su falta de atención.

Un fallo, una mala racha o un bajo rendimiento, siempre terminan siendo algunos de los principales motivos por los cuales un jugador es insultado verbalmente y, en caso extremo, golpeado por los aficionados dentro de un campo de juego, que debería ser sagrado.

En el fútbol élite es muy raro ver ya eso, pues las autoridades están pendientes de cuidar la integridad física de todos los actores de un partido. Sin embargo, aún se siguen presentando lamentables casos de este tipo. El más reciente tiene como protagonista a Albert Ebossé, quien este fin de semana perdió la vida por culpa de una pedrada lanzada por los propios seguidores de su equipo.

El fútbol africano está de luto por el fallecimiento de Albert Ebossé, goleador de la Liga de Argelia, que perdió la vida por culpa de una pedrada. La violencia sigue siendo uno de los lunares que jamas ha podido extirpar el fútbol de su majestuosa existencia. Cuando no es por parte de los aficionad

El delantero de 26 años era el máximo goleador de la Liga de Argelia con 17 goles y este sábado había sido el autor del tanto de su equipo, JS Kabylie, que perdió en casa 1-2. En el vídeo se puede ver su último gol, anotado de penalti. En la celebración del tanto se le vio feliz y contento por las bendiciones recibidas en los últimos días.

Ese mismo día, por la mañana, Albert había sido padre y por la tarde encontró la muerte donde menos lo podía esperar, en el terreno de juego y ante su afición. Lo único malo que había tenido en esta semana fue precisamente esa pedrada que le lanzó un hincha y que acabó con su vida. Aunque la agresión se presentó en el estadio, el jugador murió en la ambulancia cuando se disponía a ser trasladado al hospital con una traumatismo craneoencefálico.

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