El capitán del Real Madrid recuerda cuando estaba bajo la sombra de César y por decisión técnica del también español Vicente del Bosque.

El planeta fútbol no termina de creer que José Mourinho haya decidido dejar de suplente a Iker Casillas en el duelo liguero contra el Málaga. La imagen del capitán de la selección española sentado en el banquillo de La Rosaleda, nos hizo echar memoria atrás y devolvernos 10 años en el tiempo para tratar de recordar a Iker mirando un partido desde el banco de suplentes. Han tenido que pasar 10 temporadas para que Casillas volviera a ser suplente en el equipo al que le entregó su vida.

Nadie olvidará, mucho menos el propio Casillas, los agónicos tres meses de la temporada 2001-02 en los que Iker fue suplente. Su titularidad fue arrebatada por César y sólo una lesión del mismo, le permitió regresar al once principal y seguir siendo figura y capitán del Real Madrid.

Muchas fueron las cosas que dejó en aquel entonces la decisión de Vicente del Bosque (igual sucede ahora con lo que hizo Mourinho), pero si hay algo que se recuerda de ese momento son las declaraciones que dio Casillas, en una entrevista en el diario ‘ABC’, meses después de recuperar la titularidad, dejando frases para el recuerdo analizando lo que supuso para él ser suplente: «La suplencia me cambió la vida, me hizo más hombre y más malo».

El Casillas que habla tenía 21 años y comentaba que «claro que hay un Casillas antes de pasar por el banquillo. Esos dos meses y medio me cambiaron la vida. Me hicieron hombre y un poco más malo. Comencé a conocer a las personas, a valorar las cosas. Cuando estás arriba todos te quieren, pero cuando dejas de jugar no eres nadie».

Iker decía que «sólo yo sé como lo pasé. Me marcaron mucho más esos dos meses y media de suplente que la final de la Champions o el Mundial. A mis 20 años fue algo muy gordo. Creo que estaba bien, que estaba cumpliendo, eramos finalistas de Copa, íbamos segundos en Liga y estábamos en cuartos de Champions. El único que salí fui yo, y Pavón».

La vida le cambió a Casillas hace una década: «Pecaba de bueno, se me acercaba la gente y hacía lo que me pedían. Ahora estoy más a la defensiva, me fijo más en las cosas. Antes me lo tragaba todo, me afectaban muchas cosas, me amargaba… De todos modos, aguanté ese tiempo sin decir ni pío, aunque estaba hecho una mierda. No soy rencoroso, pero lo que pasé no lo olvidaré nunca».

El guardameta también dejaba un mensaje: «Un portero sin confianza no es nadie. Claro que el técnico tiene que decirte si fallas lo que hace mal, pero si te sientes respaldado te sientes mejor. Las palabras ayudan mucho más que el castigo de la suplencia».

Ahora, diez años después, Casillas es otro, pero su suplencia en La Rosaleda le recordó todo lo que pasó en aquel momento. Mientras la gente sigue buscando explicaciones a la polémica decisión técnica de José Mourinho, Iker seguirá trabajando fuerte y profesionalmente para recuperar la confianza y el puesto en el equipo titular del Real Madrid.

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