Martín Palermo reconoció que la muerte de Diego Maradona fue tan dura y difícil de aceptar como la de su pequeño hijo.

El ex-futbolista argentino ha vuelto a ser noticia en el fútbol mundial. Esta vez es por cuenta de una carta que escribió en ‘The Players Tribune’, en la que habló del fallecimiento de su compatriota. Estas fueron las palabras de Palermo:

«Pasaron tres meses desde que Diego nos dejó. Cuando escuché la noticia, inmediatamente le mandé un mensaje a un periodista amigo que sabía que era cercano a él. ‘¿Es verdad?’. Me respondió: ‘Sí’. Y en ese momento, uno no no puede creerlo.

O sea, uno se acuerda la cantidad de veces que Diego estuvo en situaciones parecidas, en las que estaba en el hospital y se multiplicaban rumores sobre su muerte, y entonces pensaba: ‘No, no puede ser, solamente es lo que están diciendo. Probablemente no sea nada’. Y al final realmente no era nada.

Maradona siempre se recupera. Maradona siempre sobrevive. Había pasado tantas veces. Entonces pensás Esta es sólo una más. Pero después la noticia sobre su recuperación nunca llega.

Martín Palermo con Diego Maradona

Me agarró mucha ansiedad a medida que seguía esperando. Incluso le mandé un mensaje a Claudia, su ex mujer, para saber si era cierto. Dijo que sí. Y aún así no lo terminás de creer. Tu mente se rehúsa a aceptarlo. Para mí, Diego siempre iba a estar ahí. Estaba seguro de que iba a llegar a los 100 años.

Y ahora, mientras los días siguen pasando, todavía tengo esa sensación de que no es cierto. Diego sigue ahí, más vale. Probablemente te lo cruces en algún momento».

VIDA DE PALERMO SIN MARADONA

«Sé que hablo por muchos argentinos cuando digo que todavía me cuesta imaginarme un mundo sin Maradona. Desde que era un chico él siempre había estado presente, siempre intocable. Cuando lo vi en el Mundial 86, me di cuenta de lo que significaba para el mundo, y de lo que significaba para nosotros.

Diego cambió mi percepción de lo que era el fútbol. Todavía lo veo como la figura más representativa de lo que siento por el fútbol. No sé si entiende.

El momento en el que me sentí más cerca de él, incluso sin haberlo conocido, fue durante el Mundial 94 en Estados Unidos, cuando lo sacaron del torneo y él salió a decir que le habían cortado las piernas. Yo tenía 20 años y había debutado profesionalmente dos años antes.

Viéndolo ahí, sintiendo su dolor, despertó una nueva clase de afecto. Cuando lo vi llorar, quería llorar yo también. Es difícil, realmente, describir lo que sentí en ese momento. Todo lo que puedo decir es que me sentí más conectado con él que nunca antes. Era Maradona, era Dios, pero también era humano, ¿no?

Si pudiera volver el tiempo, haría lo que fuera posible para ayudar a Diego en sus últimos años. Intentaría ayudarlo a que viviera una vida que fuera un poco más natural, un poco más real. Quería verlo envejecer. Pero ayudar a Diego no era fácil, porque muchos lo intentaron, también.

Es difícil saber realmente lo que pasó en el último tiempo para que terminara como terminó. No me gustó cómo tuvo que vivir en sus últimos dos años. Ver la figura de él deteriorándose tanto. No era el Maradona que me gustaba ver».

ÚLTIMOS AÑOS DE DIEGO MARADONA

«Lo que más lamento de todo es que lo hayan dejado tan solo. No se lo cuidó. No se lo ayudó para terminar una vida que fuera digna de quien fue.

Nunca juzgaría a Diego. Tuvo sus errores, seguro, pero vivió su vida y es así. Todo lo que me interesa es lo que Diego fue para mí y lo que me hizo sentir. Es difícil de explicar, especialmente en el contexto futbolístico, pero, para los que creen que Dios existe, y yo lo creo. Diego es como eso en el fútbol. Dios existe en todo lo que representa. Para mí, Maradona es lo mismo en el fútbol.

No sé cuándo voy a enfrentarme con la realidad. Quizás en algún momento tendré que aceptar que Diego se fue, del mismo modo en el que tuve que aceptar la muerte de mi hijo. Voy a tener que cruzar ese puente y decirme: ‘No está acá. No lo voy a ver nunca más’.

Pero todavía no llegué a ese punto. Es demasiado doloroso, demasiado surrealista. Para mí, Diego todavía está ahí. Dios aún existe. Y de algún modo, siempre estará».

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