El colombiano recuerda que vivió muchas dificultades, que tuvo que vender lotería y unos collares que hacía la abuela para ir a entrenar.

Además de ser noticia por los golazos que ha marcado con el Sevilla en los últimos partidos, Luis Muriel está dando de qué hablar por cuenta de una reciente entrevista concedida al programa ‘A BALÓN PARADO’, en la que recuerda los duros momentos de su infancia. Te dejo con las emotivas declaraciones de Muriel.

Sevilla: «Nunca perdí la sonrisa, en el momento de dificultad que viví, siempre mantuve la alegría, sabía que era un momento que tenía que vivir para recoger después los frutos de ese sufrimiento, tenía que ver cómo el trabajo no era retribuido con resultados y era duro. Aún puedo dar más, creo que estoy al sesenta o setenta por ciento de lo que puedo dar de mí. Espero poder estar aquí muchos años, y que junto con la afición disfrutemos de mí y de mi talento, soy feliz aquí. Me dijeron que el Sevilla era un gran club y venía a una bonita ciudad, pero es mucho más que eso».

Familia: «Me refugié en mi mujer y en mis niñas, con mi familia intentaba desconectar, pero los pensamientos negativos también me condicionaban a la hora de entrenar, no me reconocía en los entrenamientos, quería demostrar pronto por qué me ficharon y cometía errores que no eran míos, que no eran propios de mí. Tenía una etiqueta, pero si cambiaba, iba a ganar mucho, psicológicamente cambié y me desquité de eso, de esos pensamientos. Mi representante y su equipo venía constantemente a hablar conmigo, era cuestión de hacer clic en la mente y tener pensamientos positivos concentrándome en todo lo bueno que yo podía hacer».

Infancia: «Mi padre era taxista y allí hay muchísimos taxis, ganaba una media al mes de unos 20.000 pesos, lo que al cambio son unos siete euros. Con ese presupuesto mis padres no llegaban a fin de mes, así que yo colaboraba vendiendo boletos de lotería y unos abalorios que hacía mi abuela. Con el dinero que ganaba podía pagar el billete de autobús para ir a entrenar con la escuela Santo Tomás. Después de haber vivido con dificultades, se valora mucho más la vida, cada cosa que consigo tiene un valor más alto. Cuando gané mi primer sueldo con Udinense, cumplí un sueño, comprarle un taxi a mi padre porque él trabajaba para otra persona. Cuando salimos del concesionario, vi su cara de felicidad y eso hizo que yo estuviera tranquilo».

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