Los entes encargados de dejar en punto los estadios que se utilizarán durante la próxima cita mundial, tienen entre sus filas de trabajadores a algunos presos que realizan proceso de resocialización y que tienen a cargo la reforma del estadio Mineirao de Belo Horizonte, un dato que demuestra que el fútbol también contribuye con la labor social. La coordinadora social del consorcio Minas Arena, María Cristina Aires, explicó que el programa surgió a través de un acuerdo entre la empresa constructora y la Secretaría de Defensa Social del estado de Minas Gerais, con el propósito de «facilitar el retorno a la vida social de los presos, que siempre muy difícil».

Obras del Mundial Brasil 2014 y su labor Social«Existen en Minas Gerais otras iniciativas, otros proyectos similares, pero el fútbol despertó la pasión de los presos de querer trabajar aquí», apuntó la trabajadora social de las obras del Mineirao, que cumple con rigor su cronograma para recibir en 2013 la Copa de las Confederaciones y un año después el Mundial. Entre los 1.300 trabajadores de la obra está Reginaldo de Souza, uno de los veinte presos que forman parte del proyecto. De Souza, con una pena de quince de años de cárcel, once y medio de ellos ya cumplidos por el delito de asalto a mano armada, se capacitó dentro de la obra y en la actualidad se desempeña como bombero hidráulico.

«Es una motivación muy grande. Estoy aprendiendo una profesión y participando de una obra grandiosa. Hay mucha emoción y alegría entre nosotros. Mis hijos ya sienten orgullo de mí por estar haciendo parte activa de este Mundial», señaló De Souza. Por cada tres días trabajados en la obra, los detenidos del programa reciben una reducción de un día de su pena, además del 50 por ciento del salario.

Cupido, por ejemplo, visitó el Mineirao y tocó el corazón de Viviane da Silva, una futbolista de 26 años que ante la falta de oportunidades en el deporte dejó de lado el balón y llegó a la obra como auxiliar de limpieza. Rápidamente la chica fue ascendida a relatora estadística de obras y en una de sus rondas recibió un pedido de matrimonio de uno de los obreros, que fue aceptado por la joven.

La reforma del Mineirao también le devolvió el deseo de alfabetizarse y de estudiar a muchos de los trabajadores que reciben clases al final de cada jornada, mientras que otros consiguieron en la obra su primer trabajo formal.

Más Información: Caracoltv.com

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