Copa Libertadores

El árbitro que recibió dinero y amenazas antes de un partido de Nacional

Carlos Espósito, ex árbitro argentino, reveló los detalles del calvario que vivió en Medellín durante un duelo de los verdolagas.

La Copa Libertadores de 1989 sigue dando de qué hablar. Han pasado más de 30 años desde aquella vez que Atlético Nacional se proclamó campeón del torneo y aún se siguen descubriendo cosas. De todo se ha dicho sobre el trofeo que levantaron los paisas en el Estadio El Campín.

Lo último tiene que ver con el relato de Carlos Espósito, ex árbitro argentino, quien confesó que recibió dinero y amenazas antes del partido de vuelta de las semifinales. La ida en Montevideo terminó 0-0 y la vuelta en Medellín 6-0. En una entrevista concedida a ‘RADIO LA RED’ de Argentina, él mismo contó el vía crucis que vivió en Colombia.

«Todo arrancó desde que llegamos al aeropuerto de Medellín. Los árbitros colombianos que nos fueron a recibir ya nos habían entregado, estuvimos obligados. Íbamos por el camino Montañita en el que nos decían ‘acá mataron un árbitro, acá tiraron a un juez de línea’.

En un momento nos cambian de auto. Salimos con el otro auto y hay un roce. Hubo que esperar a la policía. Después de mucha espera fuimos al hotel. Los árbitros no acostumbrábamos a dejar el hotel. Me invitan a una cena y les dije que no.

Me golpean la puerta y le pido a Juan que se levantara. Y fue Bava. A Bava lo conocen. Es difícil mover una mole de ésas. Pero Bava voló. Entraron cuatro, uno con ametralladora, a Gnecco le pusieron una nueve milímetros en la cabeza. Y atrás entró el famoso ‘Popeye’, bien vestido, traje, corbata. Traía un maletín. Lo abrió y dijo, acá hay 250 mil dólares. Llévenselo, tranquilos, van a salir de Colombia sin problemas».

MENSAJE DE PABLO ESCOBAR AL ÁRBITRO

«Antes de eso nos habían roto todos los teléfonos. Les respondimos que habíamos ido a trabajar como corresponde. Cerró el maletín y nos dijo: ‘La vida de ustedes acá no vale nada. Y en Buenos Aires nos puede costar 1.000 dólares por cada uno’. Y ahí se fueron.

Insistieron, les volvimos a decir que no. ‘¿Qué hacemos?’, les pregunté a Bava y Gnecco. No sabíamos para qué lado arrancar. Les sugerí agarrar las valijas e ir a dormir al aeropuerto. Pero Gnecco, que conocía Colombia, y que una vez le habían bajado una puerta de un tiro, me gritó: ‘¡Escuchame pelotudo, nosotros de acá no nos podemos mover!’.

Esto fue un día antes del partido. Me asomé por la ventana y abajo había cinco tipos que no se movían. Pensamos en llamar a Grondona. Al otro día, sin dormir, salió Bava a comprar cigarros, a pesar de que habíamos dejado de fumar hacía meses. En eso vino un árbitro, voy a dar el apellido: Sierra. Y nos dijo que nos debíamos levantar porque había que ir a sacar un permiso de trabajo.

Al llegar a la cancha, nos dejaron el auto a unos 300 metros de la entrada. Estábamos rodeados. Llegamos al vestuario y el árbitro colombiano que nos había visitado en el hotel se apareció con una virgen. Gnecco le pegó una patada a la virgen que voló no sé adónde.

Ahí llegó el jefe de policía de Medellín y le expliqué que apenas terminaba el partido nos teníamos que ir al aeropuerto. Me explicó que si ganaba Nacional iba a ser difícil por la fiesta. Pobre hombre, si ven la serie de Escobar, a los pocos días lo acribillaron».

LOCURA EN MEDELLÍN POR ATLÉTICO NACIONAL

«El partido terminó 6-0. En alguno de los goles, lo miré a Bava y nos hicimos la cruz. Al final hubo como15 muertos por la gente que salía a los balcones y tiraban los tiros al aire.

Nos terminados yendo al aeropuerto. Y estaban los uruguayos, que se tomaban el mismo vuelo. Vino el presidente de Danubio, un tipazo, y me preguntó si la habíamos pasado mal. Sabían todo. A ellos les había pasado lo mismo.

En realidad, no íbamos a contar nunca esta historia. Pero alguien abrió la boca. Después, como se destacó, fuimos a ver a Julio, y Julio llamó al presidente de Colombia».

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